El libro es compacto, practicamente se puede leer en una sentada, pero resultó tan disfrutable para mí, que estiré la lectura todo lo que pude. Se trata de una crónica sobre los varios viajes realizados por el autor a la sierra Tarahumara para grabar (o intentar grabar) diferentes documentales. Para aquellos que no lo saben, mi padre nació y creció en el estado de Chihuahua, en una ciudad que es de paso obligado cuando se va a la esplendorosa sierra Tarahumara. Como documentalista, ha vuelto en numerosas ocasiones a su estado natal para grabar programas variados.
En una de esas ocasiones en las que hizo un corto viaje de pre-producción, tuve la enorme suerte de poder acompañarlos a él y a Jose Luis Arzate, un hombre simpátiquisimo y entrón como pocos. Era diciembre, asi que se podrán imaginar el frio que hacía. Debo decir que ha sido uno de los viajes más bonitos y más educativos de mi vida, visité lugares que son casi imposibles de ver como turista, y en parte del trayecto tuvimos una compañía de lujo: Juan Gardea. Quiero aprovechar para rendirle un pequeño homenaje a ese hombre, que falleció en un accidente hace unos meses. Fue un hombre de gran inteligencia y visión, uno de esos líderes indígenas excepcionales que hicieron contribuciones muy importantes para su grupo étnico y que siempre vivió en el seno de su zona originaria, aunque también viajó por el mundo como representante de su pueblo. Fue un dedicado padre de familia que, junto con su esposa, le procuró la mejor educación posible a sus hijos en un lugar tan complicado como son esas montañas. Juan es un personaje central en el libro, ya que sin su ayuda no hubieran sucedido la mayoría de las grabaciones. Le tengo que agradecer a mi padre el haberme presentado a ese hombre tan especial, y el haber escrito éste relato (que por cierto se escribió y editó mucho antes del accidente).
Es un hecho que el conocer algunos de los lugares y a muchos de los personajes, hizo el libro particularmente disfrutable para mí, pero estoy segura de que los relatos son igual de entretenidos e interesantes para los que no conocen la zona. Desde que tengo uso de razón me ha quedado claro que mi padre es un buen escritor, pero aun asi me logró sorprender con sus dotes de cronista en éste relato. Es una lectura muy recomendable. ¡Gracias por escribirlo señor Noyola!.





















