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8.11.11

Zoológico de Chapultepec

Decidimos utilizar el feriado de la semana pasada para llevar a Leah al zoológico. Para mi sorpresa, Chapultepec estaba muy tranquilo cuando llegamos. Leah estaba recién despertada de una siesta, así que llegó fresquita a la aventura.

Desafortunadamente la hora resultó ser el principio de la siesta de varios animales, así que agarramos a muchos hechos bolita y sin moverse. Por supuesto, a Leah sólo le llaman la atención los animales si se ven grandes y se mueven, así que los bichos dormidos no pasaron por su radar. De todas maneras logramos que se emocionara con varios ejemplares, y como sea se la pasó feliz corriendo por todos lados y trepando las rejas (o intentándolo).

Recorrimos menos de la mitad del zoológico porque nuestra velocidad promedio es bastante lenta cuando la niña decide caminar... en cualquier dirección. Por supuesto, nos enfocamos en los animales más grandes: primates, felinos, osos, y mamíferos grandes de las estepas. Me sorprendió ver la gran cantidad de niños que eran empujados por sus papás en carriolas o carritos y que no parecían tener gran interés en los animales. Yo pensé que todos los niños adoraban verlos.

Les paso al costo el dato de que ahora hay un lugar en el cual se puede apapachar tarántulas y otros bichos ponzoñosos. Suena muy interesante para los que no padecen de fobias relacionadas, como yo.

A la salida ya había mucha más gente en Chapultepec, y sobre todo, había docenas de vendedores gritones. Nunca ha dejado de impresionarme lo baratas que son las baratijas que venden en ese lugar. No sobra decir que Chapultepec es muy bonito, y que ofrece una gran variedad de planes al visitante, un gran lugar para disfrutar de un día libre.

El lago en todo su verde esplendor
Con la abuela frente a la ofrenda. Fuimos justo el día de muertos.
"Okis!, oookiiiis!" (Monkeys)
Fascinada pululando
¡Afa!
Impresionante iguanón
Por supuesto, les dijo "bayos"
Oso de anteojos
Tortugas pornográficas

16.2.11

Novedades

La frecuencia con la que estoy posteando es clara indicación de que ando en chinga. Aca les van los últimos chismes antes de que me atrase más.

Tuvimos cuatro fines de semana seguidos saliendo de la ciudad, dos a Puebla y dos a Cuernavaca. Es muy lindo eso de salir a pasear y respirar aires frescos, pero me alegra saber que no voy a ver una caseta de cobro éste fin de semana. Ya me cansé.

Los hábitos de Leah han cambiado mucho. Requiere más atención que antes y al mismo tiempo es un poco más independiente. En mis (hasta ahora infructuosos) intentos para que agarre la mamila descubrí que puede estar 8 horas sin tomar leche. Aguanta comiendo papillas y tomando algo de líquido con cuchara. Esta es la segunda semana en la que la dejo en casa con Irene mientras me vengo a la oficina. Es muuuuuy difícil y siempre llego a la tarde muy ansiosa por volver a casa. Irene ha hecho un excelente trabajo ocupándose de ella durante el día y poco a poco conseguimos que ingiera más cosas. Me da esperanzas para poder llevarla a una guardería en el futuro cercano, pero vamos paso a paso.

Después de muuuucho trabajo, vueltas y papeleo, logramos firmar el contrato para una casa. Ya tenemos las llaves y todo, pero nos hacen falta muebles para poder mudarnos. Esperamos pronto poder hacernos de las piezas básicas para poder sobrevivir en nuestro nuevo hogar. La casa está en el centro de Tlalpan, cerca de la plaza. Para los que no conocen el rumbo, es uno de esos barrios viejos, con algunas calles empedradas, iglesia del siglo XVI, mercado tradicional, parquecitos y muchos edificios viejos. Muy lindo y con un tráfico nada despreciable. La casa es muy amplia, así que ya que tengamos muebles, esperamos recibir muchas visitas.

Leah acaba de cumplir siete meses. Decidí festejarla llevándola a un museo. Las mujeres de la casa nos fuimos al museo de San Ildefonso a ver la exposición de Orozco aprovechando la soleada tarde de domingo. Leah aguantó muy bien en su carriola la mitad de la exposición. Luego me la puse en el canguro (que sigue cosechando aplausos entre el público en general) hasta que su entusiasmo se desbordó por completo. En la sala más grande de todas, mi niña empezó a gritar de felicidad. La saqué a que gritara un rato. Ya que se calmó, me volví a meter, y volvió a pegar de gritos, pero esta vez me quedó claro que era por su fascinación por descubrir el eco. Su excelente humor hizo que mi mamá y yo tuviéramos que ver el final de la exposición en turnos. Nos divertimos mucho y como siempre fue un gozo visitar ese maravilloso edificio.

La chamba está a todo vapor. Ya tengo dos pláticas agendadas en el siguiente mes (la primera mañana). El proyecto en el que estoy trabajando aca está empezando a moverse con entusiasmo. Puedo ver docenas y docenas de intercambios por e-mail con docenas y docenas de colegas en mi futuro. Los estudiantes de Munich están por publicar sus primeros artículos, lo cual implica una cantidad copiosa de revisiones a manuscritos. Nuestro grupo acaba de completar dos noches exitosas de observación en el telescopio VLT en Chile. Muchos datos  con que lidiar. Me acaban de aprobar fondos para ir a una conferencia en Santiago en abril, así que también ando organizando eso. Mucho mucho que hacer.


Leah y Mariano, compartiendo el gimnasio como langostas

En Cuerna

Aprovechando la bonita pared

Mmmh, espinacas

Festejando el cumpleaños de Ceci

Feliz con papá

En San Ildefonso

Feliz con la abuela