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13.4.11

Chile II (Oda a Leah II)

Mi segunda visita a Chile fue sorpresivamente placentera. Yo iba preparada para enfrentar las vicisitudes propias de viajar a otro hemisferio con una niña de ocho meses, y resulta que la muchachita se portó de lujo.

La razón para el viaje fue que yo tenía que participar en un congreso. Leah cada vez come más de manera independiente de mi, pero todavía toma mi leche en las mañanas y noches. Eso junto con el hecho de que trae una mamitis algo trepada me hizo pensar que dejarla una semana era demasiado. Hubiera sobrevivido, pero sus nervios y los de los demás (ni que decir de los míos) hubieran quedado dañados. Gracias a los buenos oficios del hotel, conseguí que la aceptaran como huesped temporal en una guardería del vecindario. Por supuesto iba muerta de nervios de que se pusiera histérica por quedarse todo el día rodeada de desconocidos, pero resulta que si los desconocidos son niños en su mayoría, ella está feliz. El último día recibió toda clase de arrumacos de las "tías" que se deshicieron en elogios para ella. Un éxito total.

Eso sí, no puedo dejar de decir que viajar sola con un bebé es AGOTADOR. No quiero ni pensar como le va a la gente que hace lo mismo y su niño no se porta tan bien.

Salimos a cenar con varios colegas y amigos, cosa que también aguantó sorprendentemente bien (la diferencia de horario ayudó). Hasta alcanzamos a pasear por el encantador barrio de Bellavista una tarde. Durante las dos reuniones sociales del congreso también fue un hit entre los colegas, es un hecho que es una maestra de las relaciones públicas esa niña.

Yo alacancé a asistir a casi todas las pláticas del congreso, y hasta me las ingenié para dar una plática arriesgada que al final salió bien. Logré reconectarme con muchos colegas que no había visto en un rato y por supuesto también conocí a gente nueva que está trabajando en cosas muy interesantes. Nuestro grupo de trabajo fue en banda, dimos 5 de las 6 pláticas de nuestra sesión. Creo que la gente entendió que somos una fuerza a tomar en cuenta.

Y bueno... la comida. Consumí cantidades industriales de pescado y mariscos. Las dos menciones especiales van para el restaurant peruano al que nos levaron Patricia y Jorge, y para mi adorado Azul Profundo en Bellavista. Que deliciosa comida. Aparte de eso, una vez más los chilenos me dejaron una excelente impresión. Insisto en que en el resto de Lationamérica podemos aprender mucho de ellos.

Bien portada en el avión

Viendo al conejito en los jardines del ESO

Disfrutando de Nadine y su bella panza

Después de cenar con Patricia y Jorge

Almuerzo de chicas en restaurant soñado

Con Talía en Bellavista

En la "sala cuna" con las otras "guaguas"

22.7.09

Viña del mar

Para todos aquellos que argumentan la inutilidad de facebook, aqui les va una bonita historia útil. Desde quinto año de primaria hasta segundo año de secundaria compartí vida y obra con un grupo de personas (fundamentalmente chamacas como yo) que también asistian a la Academia de la Danza Mexicana. La peculiar naturaleza de la escuela nos hizo desarrollar lazos más intensos que los que uno normalmente desarrolla en otros centros educativos. Por esa razón, a pesar de no haber visto a muchas de mis compañeras desde hace veinte años, siguen siendo personas muy cercanas a mi corazón. Facebook entró a la historia cuando me puso en contacto con Talía, una de las compañeras de marras que lleva ya varios años viviendo en Chile. Fue fácil avisarle que iba a ir a Chile a trabajar y entonces organizar un encuentro con ella.

Tanto Talía como Rodrigo (su marido) y Cane (su amorosa mascota) me recibieron en su casa, me pasearon y en general me trataron a cuerpo de reina. Pasé dos días con ellos en Viña del mar. El primero estuvo lloviendo a cántaros, lo destinamos a visitar el museo Francisco Fonck, que entre otras cosas contiene una interesante exposición sobre la isla de Pascua. Mis anfitriones me llevaron a comer una empanadas riquísimas que cumplieron con todo lo que uno esperaría de unas dignas empanadas chilenas. También fuimos a Valparaiso, que ofrece vistas preciosas tanto de la ciudad como del puerto, pero el clima no cooperó, asi que no nos quedamos mucho tiempo. Cerramos el día tomando chelas en un bar con mucha personalidad. Tanto Rodrigo como su amigo Romano (inocentes palomitas) me empezaron a hacer preguntas astronómicas, y los pobres recibieron un mega verbo a cambio... quien les manda.

Mi segundo día en Viña tuvo mejor clima, soleado aunque dos tres frío. Gracias a la falta de lluvia pudimos caminar y caminar y caminar por el centro. Hacia la tarde fuimos a un pueblo cercano (podria llamársele suburbio) via la carretera costera, que es realmente espectacular, tiene unas vistas magníficas. Comimos en uno de estos lugares llamados picá (como fondas) de-li-cio-so. Incurrí en el enésimo mega-atasque de marsicos. De vuelta nos tocó un hermoso atardecer en la costera que fue una gran despedida antes de mi vuelta a Santiago.

Una vez más aprovecho el espacio para agradecerle los buenos tratos a mis anfirtriones y en particular a Talía con las que chismeé taaaan a gusto (imagínense, veinte años acumulados de historias).

Afuera del museo
Valparaiso
Mojado mojado
En las chelas
Centro de Viña
Otro gran atardecer chileno
Con mis anfitriones
Comiendo postre, mmmh
Viña del Mar

14.7.09

Santiago

Volví del desierto hacia Santiago, primero para dar una plática, y luego para pasear un poco. La fortuna quiso que Claudia y yo tuvieramos observaciones en Paranal separadas por poco tiempo, asi que aproveché para verla a ella y a Jared, aunque fue solo un día. Decidimos llevarla tranquila, caminando por el centro, comiendo rico, visitando un un museo, comiendo rico, y comprando chunches.

La primera comida la hicimos en el mercado central. Los mariscos son igualmente impresionantes cocinados y crudos en ese lugar. Fue muy bueno pasear por los puestos para asi aprender que nombre va con que marisco, por ejemplo, en Chile los ostiones son un marisco diferente que en México. De ahi partimos hacia el museo de arte precolombino. Yo esperaba que la colección mostrara culturas sudamericanas, y sobre todo arte Mapuche, pero para mi sorpresa, se trata de una enorme colección que incluye Mesoamérica, el Caribe y muchas culturas sudamericanas. La calidad de las piezas es altísima, lo que hace una colección realmente impresionante. Tomé muchas fotos, pero son demasiadas para ponerlas aca.

La tarde-noche la pasamos en el barrio de Bellavista, buscando nuestros aretes de lapizlázuli soñados (especialmente Jared). Acabamos en un excelente restaurant llamado "Azul profundo", recomendado por mi padre, donde probé el que ahora es mi platillo chileno favorito: chupe de jaiba. Fuera de eso, me impresiona mi capacidad para comer ceviche. Después del agradable día, me despedí de mis amigutos, que agarraron rumbo al norte al día siguiente. Me dio mucho gusto verlos aunque fuera solo un ratito.

Los dos siguientes días los pasé en otro lado (siguiente post) y luego volví a Santiago. Me dediqué una vez más a visitar tiendas para adquirir música, vinos y mariscos enlatados para mi alacena. Acabé pasando el día del padre con un padre ajeno y su familia. Mi amiga Paula me usó de mensajera para madarle un paquete desde Munich a su familia y ellos amablemente me invitaron a comer. Tanto la companía como la comida estuvieron de lujo. Para redondear el día, don Jorge y Luz (la buena onda) me llevaron a dar vueltas por la ciudad en su coche. Fuimos a dar hasta las montañas... y acabé comprando más cosas. Muy a gusto.

Quedé con una muy buena impresión de los chilenos. En general se trata de gente muy amable, discreta, mucho más civilizada que en México (o cualquier otro lugar en Latinoamérica que yo haya visitado). Por supuesto que Chile tiene problemas, pero en general se respira un ambiente mucho más optimista que en otros lugares. Es refrescante ver un lugar en Latinoamérica en el que se respetan las reglas y la gente las defiende.

Clau y yo frente al palacio de la moneda

Jared y yo bajo el palacio de la moneda
Jared y Clau a un lado del palacio de la moneda
Harto marisco y pescado
¡Erizos! (que no comí)
Museo de arte precolombino"Azul profundo", gran lugar
Los andes desde el balcón de Jorge y Luz
La familia de Paula, tan amables
A una cuadra de mi hotel
Santiago desde lo alto
Los Andes detrás (lo juro)
Los Andes desde el avión

7.7.09

Paranal

Siempre me he sentido afortunada por haber escogido la astronomía observacional como profesión, pero para ser honesta, mi experiencia en observatorios ha sido más bien escasa. Hasta hace poco, el telescopio más sofisticado que había usado era el telescopio Keck (que tiene el espejo más grande hasta el momento), pero se trataba de un programa ajeno cuyos datos nunca utilicé, y aparte no estaba en la montaña. Todos mis resultados publicados son con datos del telescopio espacial, o del telescopio Gemini, que no admite astrónomos visitantes. Por eso mi reciente visita a Paranal (parte de ESO: European Southern Observatory) fue tan especial, porque yo escribí la propuesta, diseñé el programa y dirgí las observaciones (con ayuda de colegas, claro). También ayudó que el lugar es impresionante, excepcional, el observatorio más fresa de la tierra, por mucho.

Fui acompañada en mi aventura por Behrang, un estudiante de ESO con el que he estado colaborando. Behrang es iraní, bajito y moreno. Invariablemente la gente se le acercaba a hablarle en español. Lo tuve que rescatar de varias conversaciones confusas ¡porque no le creían que no entendía nada!. Desde el avión a Santiago me topé con varios conocidos, entre ellos Jacob, otro ex-estudiante de Austin que también está aca en Alemania. En más de una ocasión me mostró el camino porque ya ha estado ahi varias veces. Yo le pagué traduciendo menús y peticiones a los cocineros. Entre lo más emocionante que nos pasó a Behrang y a mi, fue salir en al noche a ver el cielo, mapa estelar en mano, y descubrir que nuestros dos objetos de estudio consentidos podían verse a simple vista. Es bien sabido, pero confirmo que el cielo austral no tiene madre, es mucho mucho mucho más bonito que el del hemisferio norte. Se pueden admirar el centro de nuestra galaxia, las nubes de Magallanes, la cruz del sur, la constelación de escorpión entera (y no de cabeza) y varios cúmulos globulares... casi me sacó lagrimitas de emoción.

El edificio que aloja a los astrónomos debe ser familiar para los fans de James Bond, porque salió en la última película. Se trata de un diseño discreto, funcional y muy elegante. Entre ingenieros, personal de soporte y observadores, yo calculo que ahi se alojan unas 50-70 personas. La edificación es verdaderamente un refugio ya que los alrededores son parte de un desierto extremo, sin plantas, sin animales (visibles, al menos), con una humedad de 10%, a 2600 metros de altitud. Es lo meas parecido a Marte en la Tierra. Antofagasta, la ciudad más cercana, está a 120 kilómetros. La alimentación es generosa y variada, aunque la calidad es intermedia (con una cantidad asombrosa de aguacate). Hay fotos abajo, pero aca hay fotos profesionales que son mucho mejores que las mias.

Hay que manejar para llegar a la plataforma de los telescopios. Como observador uno tiene dos astrónomos asignados, el de día y el de noche. El primero ayuda a preparar las observaciones y el segundo a operar el telescopio. Ellos son los choferes que lo traen a uno de subida y bajada. Cuatro telescopios (UTs) conforman el VLT (Very Large Telescope). Yo tenía asignado el UT2, con el bonito nombre mapuche Kueyen. Todos tienen nombres mapuches que significan respectivamente sol, luna, cruz del sur y venus. El cuarto de control es uno solo para todos los telescopios, asi que hay bastante gente y ruido ambiente durante la noche de observación. Encima de eso, los telescopios "hablan". Los controles están programados para reproducir grabaciones cuando cada telescopio se mueve o cuando produce una imagen. Los dos sonidos más comunes son: una voz masculina que dice "There is no cause for alarm... but there probably will be", y una voz femenina que suelta una carcajada sabrosísima.

Tenía asignadas dos noches de observación. La primera nos brindó un atardecer impresionante y luego seis horas de calma y descanso porque las nubes no nos dejaron observar. Afortunadamente al final tuvimos cuatro horas útiles. La segunda noche fue super intensa porque tuve que tomar decisiones al vuelo para reponer las horas muertas de la noche anterior, y al mismo tiempo medio ponerle atención a un equipo de grabación en video (tridimensional) que estaba grabando un documental y que me agarró como ejemplo de un astrónomo en acción. En algún momento, ya que se calmaron las aguas, me entrevistaron ahi mismo y la neta se sentía medio raro estar choreandose al público en general mientras tomaba los datos más relevantes de mi programa. Según esto van a hacer una premier del documental aqui en Munich y nos van a invitar, ya les platicaré cuando suceda. Al final de la visita logré obtener todos los datos que quería y disfruté mucho el observatorio, aunque quedé con un serio deficit de sueño.

Recién llegada
La única parte húmeda en el entorno
El fabuloso edificio de la residencia
De noche cubren el domo para que no salga la luz
En el cuarto de control
UT1 y UT2
UT3, VST, y UT4
Atardecer renacentista

Visitando el telescopio mientras las nubes no dejaban abrir el domo
El desierto y yo


Parte del tinglado del documental