23.8.10

... como la hierba.

Entre que Leah crece como quelite y que hemos estado saliendo, siento que me estoy atrasando muchísimo en el blog. Si sigo así, para cuando me ponga al corriente, la muchacha ya va a caminar.

No puedo dejar de compartir la felicidad que me inunda por sus dos recientes visitas a doctores. La primera fue su revisión, justo cuando cumplió un mes, en la que el doctor casi le puso una estrellita en la frente. Cuando nació estaba justo en el promedio de tamaño y peso. En ese mes creció ¡5 cms! (lo cual es normal, pero a mi me impresionó, lo que es no saber), ganó casi 800 grs, y se acomodó entre el 25% más pachón de su género. Se portó como las buenas en el consultorio. Aproveché para platicar con dos pares de papás con bebés de la misma edad en la sala de espera, y me di cuenta de que en efecto me tocó una muy buena niña en la rifa. Ellos se quejaban más que yo.

La segunda visita fue a un ortopedista para que le hicieran un ultrasonido de la cadera y checar el desarrollo de las cavidades del femur. El examen implicó despertarla en un lugar desconocido y feo, desvestirla, acomodarla en un apartejo raro y embarrarla de gel. Tenía todos los pretextos para quejarse amargamente, y para nuestra gran sorpresa, ¡no lloró!. De un lado salió perfecta, y del otro lado toca que la vuelvan a ver en unas semanas para ver como va (cosa normal). Es ruda pa' los doctores mi niña.

Después de estar aqui dos meses, de haberme brindado una ayuda y compañía tan valiosa como placentera, de haberse paseado por casi todos los museos de la ciudad, y de haber entretenido mucho a su mini-sobrina, mi hermano regresó a su vida en Asia. La separación estuvo cubierta de llanto, el mío por sentimental y el de Leah por hambrienta. A mi me queda claro que lo extraño mucho, y aunque a Leah le quede menos claro, estoy segura de que lo extraña igual o más. La buena noticia es que una vez solas las dos (entre semana), ya quedó claro que sí podemos vivir y hasta vivir bien. Hemos seguido disfrutando de los días lluviosos en casa, hemos salido en los soleados, y lo más asombroso de todo: no he dejado de comer, aunque la calidad de la comida si dió un bajón... no se puede todo. Quiero hacer público el agradecimiento por venir a echarme la mano y a estar con nosotros éste verano. Espero que no pase mucho tiempo hasta que podamos volver a estar con él. Te quiero hermanito.

Hacen falta más fotos de Leah con su mamá
Su premio por portarse bien con el pediatra
Hermanos
Despedida
Premio por portarse bien con el ortopedista

2 comentarios:

Julia dijo...

Yay, Leah, for doing such a good job growing! Five cm-- I can't believe that.

Martha dijo...

Con ese ritmo de premiaciones, al rato no van a caber en la casa. Se los merece por bien portada