3.10.07

Doblete musical

En dos lunes consecutivos asistimos al treatro de la ópera para ver a la orquesta de Bavaria. El primer programa, dirigido por Kent Nagano, fue una pareja imposible formada por una pieza para bajo (voz) y dos recitantes de Bernd Alois Zimmermann, y la tercera sinfonía de Beethoven. El segundo programa, dirigido por Zubin Mehta, constaba de la overtura de "Romeo y Julieta" y un concierto para violín de Tchaikovsky, más la consagración de la primavera de Stravinsky.

Para el primer concierto estuvimos parados en Gayola. Esos lugares son una gran oportunidad de ver un buen concierto por menos de cien pesos. La pieza rara de Zimmermann consistía en una pieza moderna, sin un tempo claramente detectable, en la que un famoso cantante retirado (Dietrich Fischer-Dieskau) y otro señor leian una serie de monologos que parecían provenir de Dios, el diablo y algún otro personaje filosófico. El bajo procedía a cantar lo que los hombres acababan de decir mientras la orquesta emitía sonidos aparentemente aleatorios. Entre mis instrumentistas favoritos estuvieron el rompehojasdeperiódico, el rompepedazosdecartón, y el pegaleatodoconunmartillo. Me encantaría tener cualquiera de esas chambas. La sinfonía de Beethoven cumplió decorosamente, pero al final nos quedamos con la duda de como demonios marcaba el tiempo Nagano. A menos de que fuera con la lengua o con las pestañas, me cae que no le hallamos por donde. El hombre parece estar bailando o haciendo kung-fu mientras dirige. Muy peculiar.

Niv consiguió boletos de cuarta fila para el segundo concierto. Aqui sí era otra la calidad de la melcocha. Zubin Mehta sí se ve y se mueve como lo que uno espera de un gran director. Raya el piso con su colmillo y se le nota en cada momento. La desventaja de estar tan cerca es que uno no ve nada de los metales o las percusiones, pero la inmensa ventaja es que uno les ve hasta los poros a los de las cuerdas y que la solista nos acabó quedando a cuatro metros de distancia. La solista era una menuda japonesita llamada Mayuko Kamio que por poco y le saca fuego a su violín. Toca con tanta enjundia que en serio parece qe se va a desmayar después de cada movimiento, pero lo deja a uno con la quijada en el piso. Por supuesto que ayuda el hecho de que este tocando un Stradivarius. No puedo dejar de sentirme afortunada por el hecho de que la primera vez que me toca oir uno de esos violines en vivo, estuvo a cuatro metros de distancia y siendo tocado exquisitamente. Me llamó la atención que varias personas no volvieron después del intermedio para la pieza de Stravinsky. Claro que es más demandante que las piezas de Tchaikovsky, pero es bastante amigable y sobre todo debería serlo para una audiencia tan educada como la de Munich. Alla ellos, se perdieron lo que para mí fue el mejor concierto (de su tipo, claro) que me ha tocado ver.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

La mezcla debe ser Stravinsky con Beethoven y no con Tchaikovsky.
El desequilibrio es mayúsculo y desproporcionado ante tal repertorio y probablemente desafortunado en casa del alemán.

Carlos Prieto supo sacar provecho de esa mezcla y maravilló con funciones llenas toda la temporada de primavera de la Sinfónica de Minería.

v g m dijo...

envidia,,,, muuucha envidia, de la buena como dicen :)